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la vida no trae instrucciones

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la vida no trae instrucciones: agosto 2008

domingo, agosto 31, 2008

 

BlogDay: mis cinco favoritos

De pasarme todo el día escribiendo, casi se me olvida el BlogDay, de hecho se me olvidó participar en los foros. En fin, para no dejarlo pasar así -como siempre, yo llegando tarde-, les dejo cinco de mis blogs favoritos para leer. No haré mayores comentarios sobre ellos porque creo que se defienden solitos. Visítenlos, si no lo han hecho.

Un whisky doble para el alma
: En su mayoría, reseñas de libros, y he leído unos cuantos muy buenos, gracias a Daniel Zúñiga-Rivera, que en cuanto escribe de otras cosas, nos deja ver su talento aún más claramente.
(Libre albedrío): (Perdón, Psique, no encontré los corchetes en el teclado :S) Uno de esos blogs cuyos autores nos transmiten su forma de ver el mundo y sus reflexiones sobre la sociedad, de una forma tan amena y tan ligera que nos pareciera que los conocemos de toda la vida.
Edelweiss's Voice: Anairene se queja de todo y lo hace con un sarcasmo único, además de que parece tener una antena especial para encontrar lo ilógico, lo absurdo y lo incoherente de la vida cotidiana.
Buzón de sugerencias: En la misma onda y con la colaboración de la anterior, este blog se encarga de exponer con su ironía particularmente venezolana, el punto de vista del cliente en este país que no tiene la menor cultura de servicio.
Las paredes que hablan: De éste no digo nada, porque les tengo miedo. Entren, que se van a morir de la risa por largo rato.

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Yupi! Terminé mi novela

Terminé de escribir mi primera novela.
Hooray! Yupi! Eureka! Yey! y demás exclamaciones de alegría.
Sí, bueh, todos sabemos que no será un bestseller, un premio Nobel, un Rómulo Gallegos, ni siquiera un desprestigiado Norma, pero qué se le hace.
Celebro con el fragmento de un poema de Neruda, aunque sea un poco triste, porque capta la atmósfera de la historia que se me quedó impregnada en el alma -todavía-, y con una taza de café con leche :)

"(...)
Y cuando venga la tristeza que odio
a golpear a tu puerta,
dile que yo te espero
y cuando la soledad quiera que cambies
la sortija en que está mi nombre escrito,
dile a la soledad que hable conmigo,
que yo debí marcharme
porque soy un soldado,
y que allí donde estoy,
bajo la lluvia o bajo
el fuego,
amor mío, te espero,
te espero en el desierto más duro
y junto al limonero florecido:
en todas partes donde esté la vida,
donde la primavera está naciendo,
amor mío, te espero.
Cuando te digan "Ese hombre
no te quiere", recuerda
que mis pies están solos en esa noche, y buscan
los dulces y pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te digan
que te olvidé, y aun cuando
sea yo quien lo dice,
cuando yo te lo diga,
no me creas,
quién y cómo podrían
cortarte de mi pecho
y quién recibiría
mi sangre
cuando hacia ti me fuera desangrando?
(...)
De nuestro amor nacerán vidas.
En nuestro amor beberán agua.
Tal vez llegará un día
en que un hombre
y una mujer, iguales
a nosotros,
tocarán este amor, y aún tendrá fuerza
para quemar las manos que lo toquen.
Quiénes fuimos? Qué importa?
Tocarán este fuego
y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre
y el mío, el nombre
que tú sola supiste porque tú sola
sobre la tierra sabes
quién soy, y porque nadie me conoció como una,
como una sola de tus manos,
porque nadie
supo cómo, ni cuándo
mi corazón estuvo ardiendo:
tan sólo
tus grandes ojos pardos lo supieron,
tu ancha boca,
tu piel, tus pechos,
tu vientre, tus entrañas
y el alma tuya que yo desperté
para que se quedara
cantando hasta el fin de la vida.

Amor, te espero.

Adiós, amor, te espero.

Amor, amor, te espero.

Y así esta carta se termina
sin ninguna tristeza:
están firmes mis pies sobre la tierra,
mi mano escribe esta carta en el camino,
y en medio de la vida estaré
siempre
junto al amigo, frente al enemigo,
con tu nombre en la boca
y un beso que jamás
se apartó de la tuya."


(Léanlo completo aquí. Vale la pena)

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viernes, agosto 29, 2008

 

Agua salada

"y si llama él no le digas nunca que estoy
di que me he ido..."
(Alfonsina y el mar,
tema de Ariel Ramírez
y Félix Luna)

Él atendió el teléfono mientras ella se duchaba. Bajo el círculo de agua, menguada por el insistente ruido hueco de las gotas cayendo sobre las baldosas del baño, ella podía escuchar la voz de él, nítida y lejana, hablando con aquella mujer.
No dudó un instante de que era ella. Le conocía a él demasiado bien el giro de la voz, el matiz distinto, más suave, más dulce; lo conocía demasiado bien porque lo usaba también cuando era ella -cuando soy yo- la que lo llamaba. Sintió el sabor metálico de la sangre en su garganta, y el ácido y amargo de las lágrimas agolpándose entre los ojos. Se dijo, con rabia, que no iba a llorar, y acto seguido sumergió la cabeza bajo el agua y rompió en llanto.
Bajo la ducha no oía nada. El agua entraba en sus oídos y era como escuchar el mar. Se imaginó que estaba en el mar y se dejaba llevar por las olas, sin conciencia, sin tiempo, al lecho del océano. Te vas Alfonsina con tu soledad. Bebía el agua salada que corría por su rostro y se colaba entre sus labios.
Conocía esa voz. La usaba con ambas, incluso desde antes, cuando ella había comenzado a sospechar. Recordaba habérselo reclamado, cambias la voz cuando ella te llama, y él, mirándola al fondo de los ojos con esos ojos suyos, inmensos, negros, le decía que no tenía idea de qué le hablaba, que eran imaginaciones suyas. Imaginaciones suyas. Y ella, a medias, le creía. Pero no podía creerle. Porque conocía esa voz, porque era la misma con la que atiende el teléfono cuando yo le llamo.
Llorando aún, se frotó con espuma de jabón los senos, las caderas. Algo no estaba bien. Oía al fondo la voz, el timbre distinto, y se negaba a distinguir las palabras. Pero su cerebro iba siempre dos pasos delante de ella, y reconstruía en su mente la mitad de la conversación que no estaba escuchando. Ella, al otro lado de la línea, le dijo "te amo". Él contestó "igual".
Se frotó de nuevo con espuma los senos, las caderas. Odió a su mente por pensar demasiado, por saber que esos labios y esa lengua que decían "igual", cinco minutos antes jugaban al trapecista en sus pezones, a la cuerda floja un poco más abajo. La odió a ella por tonta, por ser tan tonta como ella misma, por no saber. Porque se sabía -a ambas-, piezas intercambiables del mismo rompecabezas. Igual de tontas.
Se sumergió de nuevo bajo la ducha, dejando que el jabón se deslizara piel abajo por su cuerpo de sirena suicida. Hubiera querido sentirse sucia, ser capaz de sentirse mal por lo que estaba haciendo, pero no le alcanzaba la conciencia y se sabía -se creía- malvada, en el fondo, por ello, del mismo modo en que es malvado un niño que roba una fruta, o mata un animal, y con las manos ensangrentadas ríe su travesura sin remordimientos. ¿Cuál de las dos era peor? Aquella mujer le había arrebatado su amor, su vida, su futuro. Ella, en cambio, era ahora partícipe, cómplice, autora intelectual de ese gran engaño, aún sabiendo que la primera engañada era ella misma.
Aún lloraba. Se lavó la cara pero las lágrimas no se detuvieron. Cerró la llave, se rodeó el cuerpo desnudo con una toalla y se sentó en el suelo. No podía salir aún. Los ojos hinchados, enrojecidos. Él estaba afuera, esperándola.
Su cerebro -siempre dos pasos adelante- le dijo que sólo era un pequeño hámster en un laberinto que quizás no tuviera salida.

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sábado, agosto 23, 2008

 

Buscando obras inéditas

Acabamos de lanzar la primera versión de la página web de Editorial Cronopios. No está terminada, pero por el momento, ahí está. De modo que este post es para hacerles saber que estamos buscando obras inéditas para conformar nuestros primeros tres títulos, y los que vendrán después. Ya tenemos algunas cosillas por ahí, pero la política es de brazos abiertos, mientras más mejor, y, como dije en Facebook hace un rato, aceptamos, leemos y agradecemos el envío de manuscritos que no hayamos solicitado. :)
Por allá los esperamos.

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viernes, agosto 15, 2008

 

Partir

"Luego recordarás estos días como los más felices de tu vida, piensa Alejandra. Te conoces, sabes que querrás volver. Pero ya no podrás. Volver ya no será posible en cuanto compres el pasaje, en cuanto subas al avión. Sufrirás menos, es cierto. Pero nunca lograrás amar a nadie tanto. El final de la violencia y el final del amor, piensa Alejandra, echada sobre su cama. El final de la intensidad. La resignación, ser como las demás. Curarse, superar el primer amor, lamer las heridas hasta que cicatrizan. Huir. Él podría seguirme, piensa. No lo hará y yo lo sé y aún así decido partir. ¿Partir viene de partirse?, se pregunta Alejandra, le gustan esos juegos de palabra, los ojos cerrados, ¿es cortarse en pedacitos una misma, botarlos al aire, desunirlos? Los lugares antes de los lugares y después de los lugares, piensa. Los lugares invisibles, piensa. Y luego añorarás regresar y ya no se podrá. Todos habrán crecido, otros también harán viajes parecidos. ¿En qué tipo de hombre se convertirá él? ¿En qué tipo de mujer me convertiré yo? En una a la que ya no harán sufrir tan fácilmente, piensa. En una que nunca volverá a amar así."

Fragmento del cuento "Álbum", de Rodrigo Hasbún, en la antología El futuro no es nuestro.

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jueves, agosto 14, 2008

 

Los límites del plagio

Sé que quizás esto lleve una visita o dos a ese blog, pero tengo que contarles esto a ver si al menos se me pasa la indignación. Navegando por internet, he encontrado este blog donde aparece el siguiente texto (quizás a alguno de ustedes le resulte vagamente familiar):

la vida es un laberinto. La nombran, hablan de ti, hablo de ti... Pasa a tu lado y no espera por nadie. Me pregunto cómo. Cómo es posible, después de tantas veces que me ha hecho llorar. La respuesta es simple. Está en el número de veces que me ha hecho reir. Me ama aunque a veces lo sepa, aunque a veces lo dude, aunque a veces esté seguro de lo contrario. Y aunque quieres creer que ese hombre al que ama ya no eres tú. Quizá fue que su amor fue cambiando contigo, que ella ya no sabe manejarlo sino con la tristeza, sabiendo ahora que su amor por ti es un artefacto inútil, un jugeute que se cayó detrás del armario y que nadie recuerda, ni le hace falta. Ella aún te ama, aunque no tenga demasiado claro qué diablos es el amor, aunque ciertos días no sepa si vale la pena. Aunque ciertas noches especialmente difíciles tenga miedo de dejar de sentir, de que incluso el dolor desaparezca y la vida empiece entonces a parecerse demasiado a la muerte. La vida se lava el cabello y se prende a los pensamientos, como si fuera posible hacerlos ir por el desagüe. Se envuelve en una toalla y te hace sentir frío. Entonces ella enciende la televisión para hacer ruido, y te hace comprender que la soledad no se quita con el jabón. Otras veces la vida se viste de viento y atraviesa las calles, aterriza en un portal y desencaja el panorama. Ella espera que no esperes que la esperes, y haces cuanto puedes con tu cuerpo, ofrecer resistencia al viento que sigue intentando derribarte.
La vida se pone tacones y se pinta los labios, se mira al espejo y te reconoce. Y entra deseperada en tu casa, ha descolgado el sol y se lo ha llevado. Abre los armarios y cuelga los recuerdos. La vida, como el amor, no es eterna, no es inmortal, no trasciende a la muerte. No lo puede todo y no hace que todo sea posible. No basta con ella para ser feliz.
Ella, aunque ya no sabe quién es, aún te ama, aunque no sabe quién eres.

Como sé que a la mayoría de ustedes no les será conocido (todavía) lo resaltado, les dejo las siguientes direcciones url:
Pero el amor, esa palabra

Nada que decir

Cosas que no se van por el desagüe

Poema de la desesperanza

Resistencia al viento

Acabo de dejar un comentario al autor del blog citando mi licencia Creative Commons, que dice lo siguiente:
"Vd. no puede:

* Atribuirse la autoría de los contenidos de este sitio web; ni modificar, contra la voluntad del autor, el modo en que éste se ha atribuído la autoría.
* Realizar actos que supongan atentado contra la integridad de la obra.
* Realizar obras derivadas de los contenidos distintos de las meras fotografías sin autorización del titular de los derechos."

En fin, dejo este comentario no porque crea que el asunto tiene solución, sino porque me siento profundamente ofendida, indignada y dolida. No tengo ni idea de hasta qué punto tengo razón, o si quizás las emociones me ciegan. Pero necesitaba desahogarme. También por ahí me dijeron algo del precio de la fama. No me dio gracia. Sobre todo porque ese post tiene 15 comentarios, y los míos prácticamente ninguno (no me quejo, sólo digo que ¿cuál fama?). A uno se le quitan de nuevo las ganas de escribir.
Ustedes díganme...

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El remordimiento (Borges)

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
la sombra de haber sido un desdichado.

(J. L. Borges)

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miércoles, agosto 06, 2008

 

De las cosas que uno no se puede perder


En honor a Montt y a sus dosis diarias, ahora en papel.

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lunes, agosto 04, 2008

 

De cómo me convertí en serial blogger

Siempre huí de ser una serial blogger. De tener puertas virtuales abiertas por todas partes y más de un espacio reclamándome presencia. Pero bueno, resulta que se me ocurrió cerrar éste, y después abrí uno anónimo, y después me pidieron unos artículos para Roonder, y hoy, finalmente, inicio mi etapa de serial-blogger pública abriendo un espacio en el que venía pensando hacía tiempo atrás. Instantáneas de metro, (que de momento, traicionando por primera vez a Google, hospedo en WordPress, para probar) es un lugar para escribir sobre todas esas cosas que, formando parte esencial y constitutiva de la venezolanidad, detesto. Todas esas cosas que puedo, incluso, ver en mí misma, y por las cuales me sentiría eternamente disfrazada si se me ocurriera cambiarme de nacionalidad algún día. Todas esas cosas, en fin, que me hacen dar dolor de cabeza en las camioneticas por-puesto y dentera en los cumpleaños de los compañeros de trabajo. Todas las cosas que nos hacen ser lo que somos. Ésas que los panas que están en el extranjero extrañan, aunque no se lo confiesen ni a sí mismos.
Por allá me verán cuando ande con ánimos de quejarme. Ustedes me conocen, ya saben con qué frecuencia será eso.

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viernes, agosto 01, 2008

 

Reparar (sin el manual de instrucciones)

"Cuando te conocí creí que había encontrado a la persona con la que iba a pasar el resto de mi vida...
Eso creí.. y todos los chicos, y todos los bares y mis traumas evidentes me daban igual, porque te había encontrado.
No te pido disculpas por cómo intento reparar lo que rompiste."

Meredith (Grey's Anatomy)

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