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la vida no trae instrucciones

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la vida no trae instrucciones: diciembre 2010

viernes, diciembre 31, 2010

 

2011

Lo confieso: Este año no me gustó del todo. Tengo cosas para agradecer, un sinnúmero de personas hermosas que llegaron a mi vida, muchos proyectos, varios viajes y un nuevo trabajo -el mejor trabajo-. Pero, a pesar de todo esto, hay algo que terminó de encajar nunca, aunque yo no termine de saber qué es.
A todo esto, lo que me queda es creer, con fe de agnóstica, que el próximo año será mejor. Como dijo una amiga en Facebook, los años impares son los mejores. El 2007, por ejemplo, empezó muy bien y terminó muy mal. Ya sé, es medio tonta esa manía humana de creer en los números redondos, en los ciclos cerrados.
Como sea, y cualquiera que sea el dios a quien le dirigen sus oraciones por las noches y en los semáforos en rojo, estos son mis deseos para todos ustedes (y para mí también, por qué no) en este año que comienza:
- Que sus sueños no caduquen, que les queden ganas e ímpetu para perseguirlos, por las esquinas de cualquier ciudad.
- Que cada día les depare nuevas experiencias, cosas que no hayan hecho antes, sensaciones, paisajes, olores y sabores nuevos (así tengan que ver con ponerse un pantalón de cuero por primera vez).
- Que al mirarse al espejo, cada día, sepan que están exactamente en el sitio donde quieren estar, haciendo justo lo que desean hacer.
- Que amen, siempre, sin medida, con ganas, sin miedo.
Eso es la vida. Con eso me basta, y quizás también a ustedes.

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miércoles, diciembre 08, 2010

 

Sobre el bloqueo literario y las historias perras


Tengo la teoría –no comprobada, como toda teoría que se precie- de que cada obra literaria –y quizás artística en general- impone su forma sobre el autor. Mucho se dice –yo también lo he dicho- que tal autor no puede escribir sino a mano, o en una máquina de escribir de las más antiguas, o en un determinado parque, a una cierta hora, en una temporada del año específica. Yo no creo que esto sea exacto: creo, más bien, que hay obras que no se dejan escribir si no es de una manera precisa, bajo sus condiciones específicas, jugando con sus propias reglas: Mi teoría es que las obras son unas tiranas del espíritu creador, al punto de que no sólo nos obligan a sentarnos en tal sitio, con cierta música o sin ella, con un bolígrafo de determinado color, sino que además, no nos dejan en paz hasta que hemos abandonado todo –trabajo, familia, amigos y cualesquiera ocupaciones que podamos haber conseguido- para dedicarnos a ellas.
Me da, con cierta frecuencia, y como si ello me convirtiera en una escritora de verdad, por declararme víctima de algo que llaman “bloqueo literario”. La verdad, y apenas me he dado verdadera cuenta de ello, es que todo eso de que no puedo escribir porque hay ruido, porque no tengo tiempo o computadora, o porque tengo demasiadas preocupaciones en la cabeza (todo lo cual es cierto) no es sino un cúmulo de excusas mediocres: sé que he escrito cuentos de cualquier manera, en un vagón de metro, en los pasillos de la universidad justo antes de un examen, en un “recogelocos” de Caracas a Valencia a las once de la noche y con vallenato a todo volumen: la verdad verdadera es que esta novela que estoy intentando escribir es una maldita, que se la da de exquisita y sólo quiere ser escrita si es a mano, con tinta negra y un café con leche al alcance de la mano, sin demasiado ruido ni demasiado silencio, sin que nadie me interrumpa porque pierdo el hilo.
Y yo me le planto a la muy perra de mi novela y le pregunto, ¿tú sabes en qué condiciones escribí Cuentos en el espejo? Robándole minutos al tiempo que no tenía, línea tras línea tras línea como en un arranque febril, sin descanso ni tregua, y tú, novela de porquería, pretendes dedicación exclusiva y todo el tiempo del mundo, condiciones especiales y un trato preferencial, y nada menos que escribirte a mano, cosa que no hago desde los quince años y que nunca, nunca, nunca, me proporcionó un texto decente, o siquiera legible.
A todas estas, lo único que he sacado en claro es que cada libro es como una relación de pareja, y que ahora estoy en una, con una mujer neurótica, celópata e inestable, y todo apunta a que no va a durar.

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viernes, diciembre 03, 2010

 

Un par de líneas al azar

Habló por un rato. Yo intenté contestarle con coherencia, disimulando el extraño nerviosismo que sentía. Fue una conversación de aeropuerto, como no podía ser de otro modo. Ella venía de Praga e iba hacia alguna parte de Suramérica. Su vuelo se había retrasado, unas horas o unos días, no lo sabía aún. Me quedé mirando sus manos, largas, finas y blanquísimas, que buscaban en su bolso de mano, pausada, quedamente, como dando un tiempo a cada movimiento, como si tocara una melodía que sólo ella podía escuchar. Sacó sus papeles -pasaporte, boleto, visas y permisos diversos a los que uno se termina acostumbrando de tanto viajar -y comenzó a organizarlos sobre su regazo, como si los apilara en el orden en que iban a pedírselos. Yo miré hacia otro lado. Tuve miedo de saber su verdadero nombre, su apellido, de ver la foto en su pasaporte, de ver una partida de nacimiento o algo que certificara su existencia en el mundo real.

Un fragmento de mi segundo libro de cuentos, "Aviones de papel", a publicarse en 2011 :)

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