No debería estar aquí, pero estoy

Señoras y señores, el lunes próximo termino (si Dios quiere y me ayuda) mi último examen. Para ser exactos, el lunes presento mi último examen y mis últimos dos trabajos. ¿Que por qué eso es relevante?... Bueno, no lo es, pero para mí significa que habré terminado la carrera.
Ustedes, de seguro, saben lo que se siente. Liberación. Terror. Todo junto. Pero en todo caso (¡Dios mío, gracias!) ya no más trabajos de Derecho Administrativo, ya no más exámenes, pero sobre todo, ya no más levantarme de madrugada para alcanzar una iguana* y pasar toda la mañana esperando profesores que jamás llegan, y sólo entonces, a eso de las once a.m, darme cuenta de que he malgastado medio día de mi vida estúpidamente.
Terror. No sé de qué voy a vivir, no sé si voy a conseguir trabajo o clientes, no sé si, una vez que los consiga, pueda defenderlos como es debido. En resumen, no sé si logré aprender algo, a pesar de la Universidad. Sin embargo, el terror es más superable (para mí, al menos) que la sensación de inutilidad e impotencia que ha significado el último año, la larga secuencia de mañanas como la antes descrita (estudiar toda la noche, levantarse trasnochado, de madrugada, correr, comprimirse entre doscientas personas en la iguana*, esperar por un examen que no sucede, que es postergado, etcétera. A veces, correr por una bomba lacrimógena, saltar las barandas del primer piso, caerme por las escaleras y tragarme la bomba de todas formas.)
En resumen, y para hacer corta la historia, el lunes termino las clases. Por fin podré organizar mi tiempo de un modo productivo, en vez de desperdiciarlo inútilmente. Por fin, quizás, podré escribir.
¿Será cierto, o estaré soñando? En todo caso, no debería estar aquí, así que me voy a casa a hacer esos dos trabajos que mencioné. Si me lo permito.

Comentarios

Unknown dijo…
Muy bueno tu blog y tus cosas, suerte en tu examen

saludos
Circeromana dijo…
Haré votos para que el tiempo se te presente indulgente y consigas escribir.

Los haré aun mayores para que seas tú quien no le dé cuartel a las horas, felonas que se sirven de nuestra debilidad para abandonarnos, cual derrelicto, en el mar del tiempo perdido.

Mucha suerte, Marianne.

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